viernes, 28 de noviembre de 2014

TP FINAL: "ELLOS": EL CHIVO EXPIATORIO DEL SIGLO XXl (nota vinculada)


"ELLOS": EL CHIVO EXPIATORIO DEL SIGLO XXl



En la Alemania nazi los chivos expiatorios fueron los judíos. En los ’70, aquellos estigmatizados como “subversivos”. Cada período los inventa y los coloca en el lugar del enemigo. Hoy en día los medios de comunicación masivos hicieron emerger una nueva clase: “ellos”. En diálogo con la periodista Gisela Fouquet, trataremos de abordar esta problemática y arrojar una nueva perspectiva acerca de este “sector de la sociedad”.



Con respecto al crimen de Nora Dalmasso, Eugenio Zaffaroni, en su programa “La cuestión penal”, sugiere: “si hubiese sido una muerte en un barrio humilde, ¿reuniría la misma cantidad de medios audiovisuales y de la prensa?”. Probablemente no, es que el barrio humilde es el que alberga a aquella masa de criminales identificada a través de estereotipos que configuran un “ellos”, separado del resto de la sociedad. Es aquí donde hay que detenerse. ¿Quiénes son “ellos”, quién los determina como tales, cómo es que emerge este bloque y de qué manera lo hace? 

El mensaje parte de que el adolescente de un barrio humilde que anda con gorrita, con ropa deportiva, mañana va a hacer lo mismo que el que mató a una anciana a la salida de un banco. No importa si aún no hizo nada, pero mañana puede hacerlo y por ende hay que separarlo de la sociedad y si es posible eliminarlos. “Ellos” molestan, amenazan, perturban y ponen en peligro la vida de “nosotros”, por eso deben ser apartados para poder vivir sin miedo, para poder resolver todos nuestros problemas. Para armar ese “bloque”, los medios eligen qué delitos mostrar y cuáles no, se seleccionan los que más estén cargados de morbosidad, perversidad, de violencia gratuita y se repite el mensaje todo el día, generando la indignación del espectador y el deseo de venganza. Todos los que integran ese “ellos” son mostrados como asesinos, por más que nunca hayan matado ni nunca lo hagan en sus vidas. Su culpabilidad se vuelve una verdad por sedimentación del conocimiento, al que se reproduce de boca en boca, en la calle.

Lo que hace el diario o la televisión es fabricar a un enemigo, se lo “sataniza” y se lo convierte en chivo expiatorio. ¿Por qué los medios nos cuentan este relato? ¿Por qué se canalizan todos nuestros miedos sólo en un sector de la sociedad? ¿Acaso alguien, alguna vez, se pregunto cuál es la realidad de ese “ellos”? Poco dicen los medios en cuanto a esta cuestión, es por eso que entré en diálogo con la periodista y graduada en Comunicación Social, Gisela Fouquet, quien está haciendo un posgrado en Comunicación y Periodismo Digital y participando de un taller a modo de voluntariado en el Irar, Instituto para la Recuperación del Adolescente de Rosario, que se da con integrantes y estudiantes de la Universidad Nacional de Rosario.

Gisela va al instituto una vez por semana y junto con otros colegas tratan de poner de manifiesto un taller de “expresión y comunicación”, en el cual se plantean distintas actividades para poder intercambiar, a través de ejercicios lúdicos y recreativos, pensamientos y posiciones con los chicos internados en el lugar. Por su parte, desde el instituto hay muy poco apoyo en esto, no se continúa en la semana con estas actividades, los chicos tienen muy poca vida al aire libre, de intercambio ahí adentro, suelen estar aburridos, amargados, y como todo chico cuando está aburrido se porta mal.

Los chicos del Irar realizando el taller de creatividad en el SUM de la institución.

Los pibes que ingresaron en el Irar son en su mayoría de entre 14 y 18 años, oriundos de los barrios más humildes de la ciudad (varios barrios de Villa Gobernador Gálvez, barrio Ludueña, barrio La Tablada, Empalme Graneros, Villa Moreno, entre otros tantos más), lugares en los cuales tienen más flagelo en estos chicos, en su formación y en su vida social. Todos han cometido algún tipo de delito, con o sin portación de arma, y se deja ver que hay una gran problemática en torno a las adicciones, gran parte de éstos son adictos. “Marihuana es lo que mas notamos que ellos consumen, porque llegan drogados al taller, y entre sus temas de código interno siempre está el agite de la droga, del faso, de pastillas, muchos consumen también fármacos”, me comenta Gisela.

"Los chicos tienen muy poca vida al aire libre, de intercambio ahí dentro, suelen estar aburridos, amargados".

“El gran problema que tiene la sociedad y este sistema político y de seguridad social que estamos viviendo hoy es el tema de las adicciones, los grandes problemas que tenemos con el tema de inseguridad y delito tienen que ver con las adicciones, con estos pibes de 14 a 16 años que salen a robar para drogarse, que salen a hacer eso porque es lo único que tienen enfrente para copiar, que no son incentivados ni apoyados para ir a la escuela, mucho menos para insertarse en la sociedad de otra manera, en un club, en un taller, en lo que fuese”, explica la periodista y agrega, a modo de opinión personal cuál es su punto de vista: “es esta guerra narco que está viviendo la provincia y la ciudad la que se están cobrando todas estas victimas, que son víctimas sociales, pibes que consumen, otros que trabajaban de “soldaditos” y después tuvieron que salir a robar porque se terminó el negocio de los búnkers”.

En el trato diario, por otro lado, Gisela cuenta que le cuesta pensar cómo esos chicos pueden estar ahí adentro, ya que se muestran amables con los voluntarios del lugar, y da como ejemplo que al llegar al taller siempre saludan con un beso y se interesan por saber como están. Es así como las situaciones que suceden ahí adentro se tornan raras, ya que se muestran educados, respetuosos y sensibles.

"Que nadie los rehabilite o se les ponga una psicóloga o un médico, es aberrante".

Por otro lado, Fouquet hace hincapié en que el instituto por sí mismo no hace nada para restituir a estos chicos, es una cárcel en donde se alojan hasta que un juez dictamina el levantamiento de su condena o su envío a una cárcel de mayores. Otra cuestión que le hace ruido es el hecho del permiso que se les otorga para consumir todo tipo de drogas, fármacos y estupefacientes, “que nadie los rehabilite o se les ponga una psicóloga o un médico es aberrante”.

El rol de los medios de comunicación en cuanto al interés por las actividades o el seguimiento de los chicos en el instituto es casi nulo, ya que por un lado, dice Gisela, no hay atracción alguna, salvo denuncias por parte de la Coordinadora de Trabajo Carcelario, “hablando en criollo, tiene que ahorcarse un pibe para que sea noticia”, y en esto salta a la vista lo que veníamos hablando de la criminalización, los medios van a vender siempre las noticias que generen más morbosidad en la audiencia. Otro punto a destacar es que el Irar tiene una manera hermética de manejarse, que también complica la difusión de los medios, es un lugar muy cerrado y la información no es pública, acceder a ella es muy difícil. Además menciona que se puede conocer la realidad de estos pibes hasta cierto punto, ya que es la realidad que ellos cuentan y expresan, y si ellos quieren contarla o expresarla en las diferentes actividades que realizan. Sin embargo y a partir de deducciones, de diálogos con algunos pibes, “por cosas que a uno le quedan”, pueden conocer un poco más sus situaciones personales.

Volviendo al tema de la construcción de ese “ellos” por parte de los medios, mi entrevistada me dice que hay una posición marcada en la noticia diaria que se construye que es para tener en cuenta. Cada vez que se habla de un menor hay que tomar en consideración cómo se habla, de qué manera se refiere a un “ellos”, cómo es que se utiliza cada actividad, cada actitud de estos chicos, esto del pibe chorro, del moto-chorro, el “pibe del barrio”, el “cabecita”, el “negrito”. Si bien esto no esta de manifiesto explícitamente en los medios, es algo que a diario se escucha en la calle y en otros tantos ámbitos. Se ha creado una construcción social de que al otro no le importa la vida de ese pibe y acá aparece el famoso “que los maten a todos”. Desde este sentido la falencia de los medios con respecto a estas problemáticas está en que no se defienden los derechos del niño, se han olvidado los derechos a la salud, a la educación, a la protección y desde esa perspectiva los medios no tienen en cuenta a la hora de cubrir o construir noticias, ni esos derechos, ni el funcionamiento del sistema penal. Tampoco conocen cómo es ese lugar de donde sale el pibe ni la vida que vive, ni su entorno, ni las condiciones de su familia. Muchos tendrían que ir y ver cómo es ese lugar y cómo están ellos para después poder transmitirlo. No pasa sin embargo con todos los medios, no pasa con Rosario 12, que hace una cubertura y una narración periodística distinta. Un ejemplo de esto es el caso de un chico de la zona de La Siberia, el cual Gisela recuerda como uno de los más fuertes que le tocó vivir: “esto me tocó trabajarlo y tiene que ver con el tema menores en conflicto con la ley penal. El caso del famoso chico Pelo duro fue un tema que marcó mucho en la provincia y en la ciudad de Rosario. Era un pibe que entre sus 14 y 15 años tenía mas de veinte causas por robo armado calificado. Me acuerdo que en ese momento los medios cubrieron cada noticia de ese chico, cada caso delictivo”.

“Tenemos que preguntarnos si los medios de comunicación son los formadores de opinión publica o cómo es que se construye esa opinión publica, y por qué cómo sociedad nos van dejando de interesar determinadas problemáticas, porque también hay una realidad, lamentablemente a cuántas personas del común de la sociedad les importa que un pibe, por ejemplo, en el Irar esté en las condiciones que esté”, advierte Gisela y además subraya que “se creó este estereotipo social de que encima hay que mantenerlos, de que hay que bancarlos, entonces a esa persona no le interesa, no quiere saber nada con respecto al pibe de la calle. Para el ciudadano es un chorro. Nadie se plantea un poco más allá el por qué y qué pasa con ese chico que realmente en un momento fue un ladrón, que cometió un delito, si no lo ayudamos a salir, va a seguir robando, y ese chico esta destruyéndose su propia vida pudiendo llegar a destruir una vida ajena, ya que no tiene noción de lo que es la vida, ni la de los otros ni la de él mismo, esta es su realidad”.

Hay que entender, por otro lado, que hoy por hoy los medios de comunicación son empresas que tienen un fin comercial donde la noticia es tomada como una mercancía y se deben a eso, se deben a la noticia que más venda, se deben a un morbo, a la noticia que el ciudadano la consuma, a la “criminalización mediática”. Lamentablemente son muy pocos los periodistas que se interesan sobre la realidad de estos pibes y menos denunciar el trabajo del Irar, ya que si el instituto no funciona bien, difícilmente los internados saldrán “funcionando bien”.

“Si bien no se educa con la televisión, ni con el diario, ni con la radio, sí se forma. Se deben empezar a retomar pequeños antiguos valores, dejar de mirar un poco para adentro y poder mirar alrededor, la prensa debería cumplir ese rol, poder construir una opinión pública humana, valedera, que realmente construya como sociedad”.





SABRINA NOCE




FUENTES
  • Gisela Fouquet, periodista y comunicadora social, actualmente trabaja para la Municipalidad de Rosario, anteriormente en Canal 5 de Rosario
  • Programa televisivo "La Cuestión penal", canal Encuentro 
  • Rosario 12, Irar (Rosario) 


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